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Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar con mi mujer y mis hijos... y otros temas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Gatos

El interno de la celda 34, antes de habitarla parecía una persona normal, con una familia normal y un trabajo normal. Pasaba sus días rutinariamente cómo un empleado postal gris e insignificante. Era un hombre diminuto, picado de viruela, con una calvicie incipiente y de una edad indefinida. En el trabajo jamás nadie gastaba un minuto en observarlo o en darse cuenta de que existía. Se movía silencioso y era casi un fantasma, su jefe nunca lo reprendía, pero tampoco consideraba ascenderlo o aumentarle el sueldo. Su tarea era poco importante, pero alguien tenía que hacerla.   
Al atardecer sufría una metamorfosis, ya en el tren de regreso a casa se lo comenzaba notar nervioso, las manos le temblaban y su cara era poseída por un tic que no lograba dominar. Cuando llegaba a su hogar, saludaba distraída y displicentemente a su esposa, nadie sabía porque estaban juntos, pero tampoco a nadie le importaba. Luego bajaba al sótano, su refugio repleto de humedad y libros cargados de misticismo. Tenía varias ediciones del Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas) y de otros manuales de la Santa a Inquisición. Todos los días leía un largo rato alguno de estos volúmenes y luego ponía manos a la obra.  Lo obsesionaban los gatos, creía que estaban poseídos por almas malignas. Según decía,  los felinos eran habitados por demonios íncubos y súcubos.  Anotaba en un cuaderno los tipos de gatos, sus pelajes, grado de peligrosidad y exorcismo a aplicar. Se había propuesto una ardua tarea… exterminarlos. Al caer la noche, se desnudaba  y se refregaba el cuerpo con agua bendita. Acto seguido, luego de vestirse con una túnica para la ocasión, tomaba las armas y salía de casería. Siguiendo el procedimiento programado en sus anotaciones se dedicaba hasta altas horas a inmolar inocentes mininos haciendo uso de armas de fuego, cuchillos, palos o tachos donde los ahogaba. Todas las noches eran iguales. Pero hubo una diferente, fue aquella en que su mujer ya harta de sus rarezas le dijó:
- Idiota, ya que matas tantos gatos…. ¿Por qué no me matas a mí?
La pistola calibre 45 no dejó de disparar hasta que se vació el cargador, el exorcista tenía muy buena puntería porque practicaba todas las noches, todos los plomos se alojaron en el cuerpo de la mujer.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Un regalo es un regalo…

Nunca es lo que vos esperas
llega en un momento inoportuno
ya tenes dos, y ahora van tres
odias la esencia de frutilla y preferías coco
ese chocolate es muy amargo o empalagoso
no es tu talle y paso de moda
te da vergüenza salir a la calle con eso
aumenta tu figura y es ridículo
huela a Pinolux y no a Paco Rabanne
no cabe en ningún rincón de la casa
se hace pis y ladra todo el tiempo
es inútil y jamás lo vas usar
es demasiado barato y berreta
o demasiado caro y ostentoso
no hace juego con los sillones
a vos no te gustan esas cosas
definitivamente es mersa
zafaría si no dijera recuerdo de Mar del plata
Pero un regalo es un regalo
es todo un gesto, un detalle
alguien te aprecia,
o más aun…te ama
y se acordó de vos.