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Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar con mi mujer y mis hijos... y otros temas.

martes, 30 de octubre de 2012

Viajeros de sueños …


Caterva de limados delirantes

Corazones valerosos del punto y la coma

Gladiadores que se defienden en las arenas del renglón

Amazonas ecuestres y caballeros  de capa y espada

Poetas incorruptibles, astronautas literarios

Escribas de servilletas manchadas y teclados aporreados

Talentos bajados del Olimpo

Ninfas y duendes que sangran tinta

Compañeros que te socorren cuando no sabes terminar un verso

Guerreros que esgrimen plumas y biromes

Autodidactas, copistas, ladrones de flores y  palabras

Aquelarre de brujas gramaticales

Asesinos, equilibristas, poetas y amantes…
Todo sin salir de la hoja, ni escapar por el ojal
Viajeros de sueños …

 

viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Dónde aprendí a putear?

            





¿Dónde aprendí a putear?

1

Martita puteó toda su vida, hoy a los 83 años lo sigue haciendo. No tiene ningún problema en bajar con la manivela la  ventanilla de su Suzuki Fun mientras maneja, para espetarle al tipo que la encerró ¡Boludo quién te enseñó a manejar! Suele realizar una operación similar, pero a modo de saludo, cuando se cruza con alguno de sus nietos ya hombres. Les grita sin más: ¡Puuuuto! Y los muchachos responden muertos de risa ¡Vieja puuuuta! Siempre hay algún amigo desorientado que pregunta ¿Quién esa señora que te gritó desde el auto? Los nietos de Martita responden orgulloso ¡Es mi abuela!  No sé dónde aprendió, pero debo decir que putea con clase. Sus expresiones siempre se detienen en el escroto masculino y jamás hacen referencia al pene. Eso sería una grosería para una señora educada en el Colegio Bilingüe Cinco Esquinas del pituco Barrio Porteño de La Recoleta. Cuando muy de vez en cuando hace referencia a partes pudendas femeninas sólo se acuerda de la lora. Siempre recuerdo a mi madre impartiendo órdenes con un inmenso cariño pero a las puteadas, para que nos levantemos, vistamos, comamos, estudiemos, hagamos las compras, y un millón de etcéteras.

2

Mi relación con el adoctrinamiento académico, que algunos llaman educación, no fue casi nunca placentero. En el jardín de infantes, cuando mi familia vivía en Lobería, logré revelarme cagando a patadas a la maestra. En ese entonces sólo era obligatoria salita de cinco años. Pero yo tanto lloré y patalié que mis padres decidieron no mandarme. Las maestras jardineras se sintieron muy felices, y yo pude recuperar esa etapa escolar recién cuando mis propios hijos fueron al jardín. Al primario lo comencé en la Escuela Nº 12 (hoy número 1) de Villa Gesell. Primer grado no se repite pero mi performance fue tan pobre, que mi madre dijo: ¡Este chico no sabe nada! Entonces decidió reinscribirme nuevamente en 1er grado, al año siguiente, en el Colegio San Patricio.  Allí la tortura continuó, yo no quería saber nada con letras y números, es más decía que quería ser pintor de cuadros porque no hacía falta leer ni escribir. Para colmo de males también me agregaron inglés. No entendía ni jota en castellano y pretendían que aprendiera inglés. Cuando a los tropezones llegué a segundo grado, la “S” con la “A” SA, mi mamá me mima o me ama, 2 x 2 son 4, la teacher, el blackboard, los dogs y los cats, me tenían las pelotas llenas.  Era la reencarnación de Friedt, aquel niño del poema de Baldomero Fernandez Moreno, yo también quería jugar, treparme a los árboles y sobre todo dibujar. De hecho esto último es lo que hacía en clase mientras, la introducción a la gramática y aritmética sonaban como un murmullo incomprensible que distorsionaba mi pequeño mundo.  Una vez estaba empeñado en pintar un buggy con ruedas patonas que había dibujado orgulloso, cuando Ana Sánchez mi maestra harta de mi desinterés por lo pretendía enseñarme, me quito el dibujo. Acto seguido me mando a la dirección con mi cuadernito para que copiara y repitiera hasta el cansancio unas palabras que ella había escrito. Cuando llegué a la dirección le revolié  el cuaderno por la cabeza a la secretaria que en ese momento estaba ocupada llenando planillas. La pobre mujer no entendía nada de lo que pasaba. Y menos comprendió cuando grité lleno de rabia ¡La puta que lo reparió! Fue entonces cuando salí corriendo como un demonio, crucé el patio, superé el alambrado que dividía el colegio con el terreno vecino, y luego me subí como un gato a un pino enorme. Me hice fuerte en la posición encaramado en el frondoso ramaje del árbol y resistí como el Batallón de Infantería de Marina Nº 5 el desembarco inglés en San Carlos. Ana Sánchez y otras maestras me gritaban que bajara. Yo les respondía que me dejaran de joder, que no me rompan las pelotas, que se vayan a la mierda, que eran todas unas reverendas hijas de puta… No conforme con los improperios recurrí al contundente armamento que me brindaba el pino. Les arrojé todas las piñas que pude, tal es así que ninguna se animó a trepar para bajarme. En un momento aprovechando la momentánea retirada del personal docente, bajé raudamente del pino, atravesé un médano vecino y gané la calle. Una vez en esta no paré de correr hasta mi casa. No había ganado la guerra pero sí había peleado con valor y honor en una batalla.

Al día siguiente tuve que ir al colegio acompañado de mi mamá. Me pegaba a ella y no le soltaba la mano ni loco, estaba otra vez detrás de las líneas enemigas. Mamá me soltó la mano y me dijo: Acá está tu maestra, enfrente la mirada de Ana esperando encontrar ira en sus ojos sin embargo ella me miró con dulzura y me dijo Juan Pablo… ¿Qué te pasó? Me llené de lágrimas, ella se puso en cuclillas y me las secó con el revés de su mano. Debo decir que a partir de ese momento mi relación con Ana mejoró considerablemente. La tuve como maestra en varios grados. Ella comenzó a construir, leyéndome Mi Planta de Naranja Lima, mi edificio literario. Ana sentó las bases, Mari Pinchiloti y Sonia Petrini en el secundario pusieron los ladrillos, y en la facu el profe Romano me revocó un poco.

Ana y Martita se pusieron a hablar. La maestra manifestó que yo era un chico tranquilo, bueno, creativo a la hora de dibujar, pero imposible cuando se tratara de leer, escribir o hacer cuentas. También dijo que francamente no entendía que me había pasado el día anterior. Además agregó, que estaba altamente sorprendida por el vocabulario que yo había utilizado durante mi exabrupto. Y se preguntaba dónde habría aprendido todas esas palabrotas.

Mi madre ensayando su mejor cara de pelotuda, le dijo: ¡Ah… no sé Ana, no tengo la menor idea! Qué cosa ¿No?

 

Nota: Ana Sánchez, para que la ubiquen es la madre del Emiliano Masor. Propietario del Bar Torino. Los Geselinos la ubican más fácilmente como Ana Masor, sin embargo Masor era el nombre de su marido no el de ella. Yo me acuerdo que se llamaba Sánchez porque en segundo grado el primer día nos hizo copiar del pizarrón: Mi maestra se llama Ana Sánchez.   

            

 

   




 

   

jueves, 6 de septiembre de 2012

La Panadera

Aquel domingo por la tarde, la señora de la panadería cruzo la plaza que está a media cuadra de mi casa.Cuando me vió me sonrió y agitó enérgicamente la mano para saludarme. Me produjo sorpresa que caminara decidida y con paso firme. La vi de lejos, pero me pareció que desbordaba de salud. La última vez que la había visto en la panadería me alarmo el color amarillo de su piel y el desgano que tenía para arrastrar la vida.En el barrio se comentaba que tenía un cáncer en el hígado y que le quedaba poco tiempo de vida.No obstante aquella soleada y serena tarde pasóhaciéndose camino entre los pastos largos de la plaza. Lamisma plaza que usaba su marido, el panadero, para varear sus caballos. Allí el hombre, parco con los humanos, logra una comunicación mágica conlos pingos. Es dueño de una paciencia infinita, jamás los castiga pero los trata con firmeza, y les habla al oído ¿Siempre me pregunte qué les dirá? Pero ese misterioso domingo no fue a él a quien vi, sino a su mujer. La señora no me habló, se limitó a saludarme con la mano y a mirarme transmitiendo simpatía y paz.


El martes de la siguiente semana fui a la panadería porque necesitaba dos kilos de miñones y uno de flautas. Pero también con cierta alegría al imaginarme que mi vecina estaba un poco mejor, y quizás se pudiera abrigar alguna esperanza. Me atendió una de sus dos hijas como casi siempre. Tímido, primero pregunte por su padre “el domador”. La chica, sin mucho entusiasmo, me dijo que andaba bien. Entonces me animé y pregunte:

- ¿Cómo anda tu mamá? ¿Mejor?

- Falleció…el miércoles pasado.

viernes, 18 de mayo de 2012

SI ABRE ESTA PUERTA LA REVOLUCIÓN FRACASA.



                Los ojos de Tito se llenaron de lágrimas cuando entre las migas del pan dulce apareció aquel papelito “Usted se ha ganado un viaje a Cuba” para 2 Personas, 10 días/8 noches en La Habana, aéreo, alojamiento, excursiones y comidas. All Inclusive! 
Siempre había soñado con un viaje a Cuba, él era un empleado municipal a punto de jubilarse de  sus periplos más lejanos apenas habían alcanzado destinos como  Embalse Río Tercero en Córdoba, Chapadmalal o la Laguna de Gómez. Estaba orgulloso de estos viajes del sindicato. Tito era peronista militante, siempre había estado interesado por los movimientos sociales en Latinoamérica, y se sentía orgulloso de haber viajado con los “compañeros”.  Sin embargo, viajar a Cuba era una experiencia profusamente deseada, quería descubrir ese lugar donde el capitalismo había sido derrotado, donde no había analfabetos y la salud era para todos. Donde además, no había libertad de prensa, los cubanos no podían salir del país y muchos se aventuraban a Miami en precarias barcazas. Tito era viudo desde hacía muchos años, y a sus 70 increíblemente tenía algunas amigas cariñosas pero nada que lo comprometiera demasiado. Por eso decidió emprender el viaje solo. Le gustaba la soledad, inmerso en ella mataba su tiempo leyendo la enciclopedia “Historia Universal”. Era coleccionista del Almanaque Mundial. Tenía buena memoria con facilidad recordaba fechas y hechos. 
                El 22 de diciembre de 2002, pasado el medio día, arribó al Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana, no tuvo mayores dificultades para realizar los trámites migratorios. En pocos minutos fue trasladado con una combi al “Hotel Parque Central”, ubicado  en La Habana Vieja,  allí se  alojó en una habitación single. El guía le dijo: ¡Oye chico  dispones  del resto del día libre, aprovecha salir a pasear un ratico  por esta parte tan bella de la ciudad! ¡No andes acelerao, has volao en avión!  Mañana comenzamos con las excursiones. El viajero aceptó de buena gana la sugerencia del guía, y salió a caminar, disfrutando sin prisa del eclecticismo de la arquitectura, que reflejaba  distintas etapas… la española,  la británica, la francesa y la estadounidense. La Habana vieja es patrimonio de la humanidad y todo es muy bello. Pero el sol parecía querer derretir los edificios coloniales, entonces Tito encontró el pretexto para hacer una pausa y tomar un mojito para refrescarse. Vio un cartel que decía: Bar “Dos Mundos”, sin dudarlo ingresó al establecimiento. El lugar tenía unas pocas mesas, todas al igual que las sillas de diferentes y vivos colores. Podemos decir que era un barcito de mala muerte pero muy colorido. No había nadie, salvo el mozo que también era barman y lavacopas. Tito se sentó y mientras tomaba su mojito, se resignó a la  incomunicación, pues el hombre del bar aparentemente no quería hablar. Tenía ganas de hacerle muchas preguntas, sobre Cuba, la revolución, Fidel, los derechos humanos, la educación y la salud, la persecución a los homosexuales, el bloque yankeeo, y mil temas cubanos, pero no logró ni siquiera entablar una conversación sobre el calor que hacía en la isla. Porque el tipo simplemente no le respondía. Resignado atinó a preguntar a donde quedaba el baño. El cubano le dijo: Al fondo a la izquierda chico ¡No erres el camino, sino quizás tú no vuelvas, te lo digo porque soy el guardián de la puerta de los “Dos mundos”, yo no opino, mi deber es sólo advertírselo!
El parroquiano lo miró sin entender, el tipo parecía un demente por lo que decía ¿De qué estaría hablando? Tanto lío porque pedí ir al baño. Bueno perdamos el camino, pensó. En el peor de los casos terminaré en el baño de mujeres. Fue así como el viejo joven de la JP (léase viejo como sustantivo, y joven como adjetivo), tomó el camino de la derecha cuando tuvo la primera la oportunidad. Al principio todo muy bien, pero luego de unas vueltas y revueltas se vio perdido en un laberinto peor que cualquiera de los que describe Don Jorge Luis. Al cabo de andar un rato se encontró en un largo pasillo poblado de puertas a diestra y siniestra. Todas eran iguales, salvo una que tenía un pequeño cartel que decía: SI ABRE ESTA PUERTA LA REVOLUCIÓN FRACASA. Él empleado municipal dijo en voz alta ¡Estos cubanos pelotudos me están jodiendo!.. y la abrió. La puerta daba a una escalera que descendía. Decidió bajarla. Los escalones fueron sucedidos por un pasillo angosto y húmedo que terminaba en un andén de una estación del Metro. La abertura pasaba inadvertida porque  estaba en la punta de la plataforma,  en una zona oscura.  Mientras deambulaba por el andén dirigiéndose a la luz, recordó la noticia curiosa que alguna vez había leído y que resumía la siguiente idea…

En 1978 el gobierno cubano anunció que se construiría una red de trenes subterráneos en la Habana, si bien se iniciaron las excavaciones la obra nunca se concluyo. Mucho se hablo de que la verdadera intención era realizar refugios para potenciales bombardeos estadounidenses. En algún momento Fidel Castro sugirió que los túneles podrían servir de refugio contra los huracanes. Los disidentes temen que las galerías sean usadas como campos de concentración subterráneos.

Sin embargo el afortunado ganador del viaje a la isla caribeña, no vio refugios atómicos, ni para huracanes. Vio una estación del Metro digna de París o Buenos Aires, y siguió caminando hasta llegar a donde estaba el cartel con el nombre de la estación. Decía Estación Ernesto Che Guevara, y más chiquito abajo (Ex Fulgencio Batista). A pocos pasos vio una vitrina que exhibía un busto del Che, dorado como son siempre las efigies de Evita, y una placa de bronce con una reseña histórica. La leyó… Comandante Ernesto Guevara, muerto heroicamente en el asalto a la Moncada, el 23 de junio de 1953, cuando intentaba hacer la revolución…. Quiso vencer al capitalismo y no pudo.
         Tito sintió que le estallaba la cabeza, sabía que no estaba soñando, y la realidad estaba patas para arriba, grito desesperado: ¡Puta madre…en la Habana no hay subterráneo y el Che murió en Bolivia, en 1967!
         El hombre quedó obnubilado, como un sonámbulo, pero volvió a su pleno estado de conciencia cuando el tren llegó a la estación. Las puertas se abrieron y algunos pasajeros bajaron apurados como si fueran porteños y no cubanos ¿Qué había pasado con la  despreocupación caribeña? ¿Con ese mundo donde las necesidades básicas están resueltas, y nadie por lo tanto está apurado? Tito quiso averiguarlo, para ello tomó el subte y pensó: me bajaré donde encuentre tumulto. El metro se puso en marcha, y las estaciones comenzaron a sucederse con nombres tales como: Presidente Gloria Stefan, Adam Smith, Héroes de la Contrarrevolución, Winston Churchill, Julio San Francisco, Jorge Luis Borges… Cada vez que la formación paraba subía más y más gente. Parecían oficinistas o yupis, a juzgar por sus formales vestimentas. Nada menos caribeño que esa gente, físicamente parecían cubanos y hablaban como cubanos, pero no usaban ojotas ni camisas floreadas. El tren se detuvo en la estación  John Fitzgerald Kennedy, la cantidad de gente era impresionante, como si fuera Diagonal Norte a las 6 de la tarde. El acostumbrado porteño, que durante el viaje no había hablado con nadie, ni salido de su mutismo, supo ganar la puerta a los empujones. En un rincón del andén vio un mendigo andrajoso que hedía a ron y pis, durmiendo la siesta sobre cartones. Se detuvo frente a una placa de bronce adosada a la pared, casi sin querer leyó:
John Fitzgerald Kennedy, presidente de EEUU durante tres períodos (1961-1964 y 1965-1968, 1977-1981)
A nuestro amigo y benefactor de la República Federal de Cuba, en el 30 aniversario de la Cumbre Internacional de Paz en Bahía de los Cochinos.
19 de abril de 1961 – 19 de abril de 1991
El turista argentino, cada vez más confundido, se alejó preguntándose qué habría sido  de la vida de Lindon B. Johnson y Jimmy Carter. Se mezcló otra vez con la multitud y en la primera escalera que encontró ascendió a la calle. Lo recibió una Habana inimaginable, grandes edificios vidriados parecían querer alcanzar el cielo, un chico de la calle le preguntó ¿Oiga amigo…no tiene una moneda? Los cartoneros revolvían la basura, pero los autos eran modernos y dignos del principado de Mónaco. Ya estaba casi acostumbrado a esta nueva “realidad”, más sereno decidió hablar con alguien que lo pusiera al tanto de la otra Cuba. Miró a su alrededor, vió sobre la vereda varios puestos de una feria que vendía baratijas electrónicas y ropa apócrifa de marca. Le recordó a Retiro, se detuvo en un puesto que vendía libros usados. El vendedor estaba concentrado leyendo un libro grueso, en la tapa decía Los Mitos de la Historia Cubana Volumen IV, Felipe Trompada. Lo interrumpió:
-         Disculpe señor, buenas tardes, soy un turista argentino que llegué hoy a La Habana, y tengo interés por la historia de Cuba. Me llama la atención el libro que está leyendo. Antes de comprarlo, si no es mucha molestia quisiera hacerle algunas preguntas sobre el tema.
-         Hola, amigo, soy Raúl tengo 74 años, me intereso por la historia. A los viejos nos gusta revolver el pasado. ¿Qué es lo que usted quiere saber?
-         Tengo particular interés en la vida del guerrillero argentino, Ernesto “Che” Guevara…
-         ¿Cómo Argentino?… el “Che” era un tupamaro uruguayo.
-         Si lo mismo dicen de Gardel.
-         ¿Qué era tupamaro?
-         No que era uruguayo.
-         ¡No! Gardel nació en Asunción, pero el “Che” en Tacuarembó. 
-         Bueno como sea, disculpe la confusión, he leído historia toda la vida, pero de repente se me hizo una laguna. ¿Qué pasó con el asalto a la Moncada?
-         Guevara muere peleando en la Moncada, y el mundo prácticamente se olvida de él. Cuando volvió la democracia su figura fue rescatada y reivindicada por la izquierda. Fue entonces cuando le cambiaron el nombre a la estación del subterráneo. Batista pasó a ser una mala palabra. 
-         Todos sabemos que el asalto a la Moncada fue un fracaso… ¿Pero luego no hubo otro intento de hacer la revolución?
-         Si, Fidel Castro el 1 de enero de 1959 intentó nuevamente tomar el poder, pero las tropas de Fulgencio Batista sofocaron la revolución. Luego vinieron los años del plomo, la persecución de todos los que se opusieran, o parecieran oponerse al régimen de Batista. Secuestros, desapariciones, fusilamientos, simulacros de fusilamientos, torturas, centros clandestinos de detención, vuelos de la muerte, NN… Decían que Don Fulgencio, era malvado porque no había tenido infancia.  Reinaba el miedo, eran los años del no te metas. Muchos decían… ¡Si desaparecieron… en algo andarían! ¿Escuchó hablar de esto alguna vez?
-         Si todo el tiempo… tanto lo escuché que me suena familiar. ¿Y qué pasó con Fidel?
-         Fidel se exilió, anduvo en distintos lugares del mundo. Con el advenimiento de la democracia volvió a estudiar economía en la universidad de La Habana, actualmente vive en Vilanova i la Geltrú, cerca de Barcelona. Durante muchos años fue profesor en una universidad española. Algunos lo acusan de ser un traidor y de haber negociado su salvación con la sangre de sus compañeros. No sé si será verdad…
-         ¿Y cómo termino la tiranía de Batista?
-         Con la intervención de los Estados Unidos, cuando el capataz de su rancho caribeño no les sirvió más a los yankees, decidieron cambiarlo. Entonces Kennedy inventó toda esa vaina de la Cumbre Internacional de Paz de Bahía de los Cochinos. Un cuento para los cubanos, porque EEUU nos siguió dominando, pero al menos pudimos votar a quienes nos gobernarían. Con la llegada de la democracia vino el juicio por violación a los derechos humanos a Don Fulgencio y su cúpula. Luego “los caras sucias”, un grupo de militares revoltosos comandados por el Coronel Arnoldo Pobre, amenazaron con un golpe. Como la democracia tambaleó,  el presidente, Don Saúl Alfonbín se vio obligado a sacar la Ley de Punto y Aparte.
-         Luego vino el gobierno de Carlos Raúl Méndez y su ministro de economía Sunday Carballo. Nos hicieron creer a los cubanos la patraña de que 1 dólar es  =  a 1 kilo de azúcar. Pero esa es otra historia que no le voy contar, la leerá usted mismo en el libro. Se lo dejo a u$d 5…. la moneda que hemos adoptado desde la cumbre de Kennedy…

Tito metió la mano en el bolsillo, y sacó un faco de billetes cubanos, que había cambiado en el aeropuerto, en algunos de ellos sonreía Camilo Cienfuegos, y en otros lo miraba serio Guevara, creyó que no le iban a servir y los volvió a guardar. Por suerte en otro bolsillo encontró un billete mugroso y arrugado desde el que Abraham Lincoln lo miraba con cara de perro. Se lo entregó al vendedor y este lo aceptó. Acto seguido, dijo:
-         Don Raul, ha sido un placer hablar con usted, aunque pensé que las cosas eran de otra manera. Es un gusto saludarlo, tengo que tomar el subterráneo.
Tito decidió volver a la realidad que ya conocía, para ello tomo él metro hasta la estación Che Guevara. No consideraba que la nueva realidad fuera mejor o peor, simplemente prefería quedarse con lo bueno y malo ya conocido. Afortunadamente cuando llegó a la estación de su destino pudo visualizar y transponer la abertura en la punta del andén. Subió la escalera y llego a la puerta donde había comenzado todo. Salió del bar sin detenerse a hablar con el mozo. Una vez en la calle volvió a regocijarse con La Habana vieja.
Tito pasó los siguientes días de su viaje en la Cuba de la que todos escuchamos hablar. Lo disfrutó. Cumplidas sus vacaciones regresó a Buenos Aires y a su rutina. Nada había cambiado todo parecía normal. Sin embargo cuando el verano porteño amenazaba con terminar, el empleado municipal salió a caminar sin rumbo tal como le había aconsejado el médico. En una esquina de su barrio, Parque Patricios, descubrió un barcito, el cartel rezaba: “Bar dos mundos”. Nuestro protagonista pensó ¡Otra vez me están jodiendo! Pero no pudo resistir la tentación. Se sentó y pidió una ginebra, la hizo bajar despacio por la garganta y luego preguntó donde quedaba el baño. Le dijeron: al fondo a la derecha. Desobedeció las indicaciones del mozo, y doblo a la izquierda perdiéndose en un laberinto. Encontró la puerta…. El cartel decía: SI ABRE ESTA PUERTA TRIUNFA LA REVOLUCIÓN.  
  

jueves, 8 de marzo de 2012

A Geral en el día de la mujer...

Hay mujeres despampanantes…
Hay mujeres madres maravillosas…
Hay mujeres compañeras….
Hay mujeres dulces…
Hay mujeres con curvas y turgencias…
Hay mujeres con determinación…
Hay mujeres  sin miedo capaces de soñar….
Hay mujeres que su piel es un mar de sensualidad…
Hay mujeres solidarias que buscan un mundo mejor…
Hay mujeres que danzan bajo la luna…
Hay mujeres emprendedoras…
Hay mujeres mágicas…
Hay mujeres que escalan montañas…
Hay mujeres todo terreno…
Hay mujeres que despliegan un universo de sabores en la cocina…
Hay mujeres que calzan pantalones o también infartantes vestidos y portaligas
Cuando me case con vos… me case con todas ellas
Porque hay mujeres únicas como vos…

viernes, 6 de enero de 2012

Bitácora del Capitán Beto

Corre lánguido el 3050…
Una Strato y una Les Paul suenan descarnadas
Los cometas de Billy Halley surcan el universo  aun
La sensualidad de la pelvis de Elvis navegan en los flujos vaginales.
Sexo, sexo quiero tu sexo mujer canta un flaco Spinetta milenario.
Charly sigue diciendo que no va parar… nunca paró en su estaxis.
Bob sigue tocando las puertas del cielo
no le abren, San Pedro está escuchando a Led Zeppelin.
Pappo pide una docena de Sanguches de miga,
y muere con su Harley para renacer eternamente.
Jagger y Richad siguen rondado como Rollings Stones
nunca se cansan del escenario.
El tren se arrepiente de haberlo pisado a Tanguito
y el gordo Billy Bond está más pesado que nunca.
Jimmy Hendrix y Jim Morrison  se ríen de la muerte y festejan los añejos veintisiete.
Los Beatles son lores psicodélicos  en el palacio de la reina.
Hippies precámbricos aporrean guitarras desvencijadas
y hacen el amor en lo poco que queda de playa, en Gesell.
Lennon  continua proponiendo que imaginemos un mundo mejor,
pero Metallica cree conveniente que los maten a todos.
Alis Copper ama su boa y escupe al público descerebrado.
Un seudo punkito se arregla el pelito
canta el pelado Luca en castellano cocoliche
Han pasado mil años y el rock no ha muerto.