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Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar con mi mujer y mis hijos... y otros temas.

viernes, 18 de mayo de 2012

SI ABRE ESTA PUERTA LA REVOLUCIÓN FRACASA.



                Los ojos de Tito se llenaron de lágrimas cuando entre las migas del pan dulce apareció aquel papelito “Usted se ha ganado un viaje a Cuba” para 2 Personas, 10 días/8 noches en La Habana, aéreo, alojamiento, excursiones y comidas. All Inclusive! 
Siempre había soñado con un viaje a Cuba, él era un empleado municipal a punto de jubilarse de  sus periplos más lejanos apenas habían alcanzado destinos como  Embalse Río Tercero en Córdoba, Chapadmalal o la Laguna de Gómez. Estaba orgulloso de estos viajes del sindicato. Tito era peronista militante, siempre había estado interesado por los movimientos sociales en Latinoamérica, y se sentía orgulloso de haber viajado con los “compañeros”.  Sin embargo, viajar a Cuba era una experiencia profusamente deseada, quería descubrir ese lugar donde el capitalismo había sido derrotado, donde no había analfabetos y la salud era para todos. Donde además, no había libertad de prensa, los cubanos no podían salir del país y muchos se aventuraban a Miami en precarias barcazas. Tito era viudo desde hacía muchos años, y a sus 70 increíblemente tenía algunas amigas cariñosas pero nada que lo comprometiera demasiado. Por eso decidió emprender el viaje solo. Le gustaba la soledad, inmerso en ella mataba su tiempo leyendo la enciclopedia “Historia Universal”. Era coleccionista del Almanaque Mundial. Tenía buena memoria con facilidad recordaba fechas y hechos. 
                El 22 de diciembre de 2002, pasado el medio día, arribó al Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana, no tuvo mayores dificultades para realizar los trámites migratorios. En pocos minutos fue trasladado con una combi al “Hotel Parque Central”, ubicado  en La Habana Vieja,  allí se  alojó en una habitación single. El guía le dijo: ¡Oye chico  dispones  del resto del día libre, aprovecha salir a pasear un ratico  por esta parte tan bella de la ciudad! ¡No andes acelerao, has volao en avión!  Mañana comenzamos con las excursiones. El viajero aceptó de buena gana la sugerencia del guía, y salió a caminar, disfrutando sin prisa del eclecticismo de la arquitectura, que reflejaba  distintas etapas… la española,  la británica, la francesa y la estadounidense. La Habana vieja es patrimonio de la humanidad y todo es muy bello. Pero el sol parecía querer derretir los edificios coloniales, entonces Tito encontró el pretexto para hacer una pausa y tomar un mojito para refrescarse. Vio un cartel que decía: Bar “Dos Mundos”, sin dudarlo ingresó al establecimiento. El lugar tenía unas pocas mesas, todas al igual que las sillas de diferentes y vivos colores. Podemos decir que era un barcito de mala muerte pero muy colorido. No había nadie, salvo el mozo que también era barman y lavacopas. Tito se sentó y mientras tomaba su mojito, se resignó a la  incomunicación, pues el hombre del bar aparentemente no quería hablar. Tenía ganas de hacerle muchas preguntas, sobre Cuba, la revolución, Fidel, los derechos humanos, la educación y la salud, la persecución a los homosexuales, el bloque yankeeo, y mil temas cubanos, pero no logró ni siquiera entablar una conversación sobre el calor que hacía en la isla. Porque el tipo simplemente no le respondía. Resignado atinó a preguntar a donde quedaba el baño. El cubano le dijo: Al fondo a la izquierda chico ¡No erres el camino, sino quizás tú no vuelvas, te lo digo porque soy el guardián de la puerta de los “Dos mundos”, yo no opino, mi deber es sólo advertírselo!
El parroquiano lo miró sin entender, el tipo parecía un demente por lo que decía ¿De qué estaría hablando? Tanto lío porque pedí ir al baño. Bueno perdamos el camino, pensó. En el peor de los casos terminaré en el baño de mujeres. Fue así como el viejo joven de la JP (léase viejo como sustantivo, y joven como adjetivo), tomó el camino de la derecha cuando tuvo la primera la oportunidad. Al principio todo muy bien, pero luego de unas vueltas y revueltas se vio perdido en un laberinto peor que cualquiera de los que describe Don Jorge Luis. Al cabo de andar un rato se encontró en un largo pasillo poblado de puertas a diestra y siniestra. Todas eran iguales, salvo una que tenía un pequeño cartel que decía: SI ABRE ESTA PUERTA LA REVOLUCIÓN FRACASA. Él empleado municipal dijo en voz alta ¡Estos cubanos pelotudos me están jodiendo!.. y la abrió. La puerta daba a una escalera que descendía. Decidió bajarla. Los escalones fueron sucedidos por un pasillo angosto y húmedo que terminaba en un andén de una estación del Metro. La abertura pasaba inadvertida porque  estaba en la punta de la plataforma,  en una zona oscura.  Mientras deambulaba por el andén dirigiéndose a la luz, recordó la noticia curiosa que alguna vez había leído y que resumía la siguiente idea…

En 1978 el gobierno cubano anunció que se construiría una red de trenes subterráneos en la Habana, si bien se iniciaron las excavaciones la obra nunca se concluyo. Mucho se hablo de que la verdadera intención era realizar refugios para potenciales bombardeos estadounidenses. En algún momento Fidel Castro sugirió que los túneles podrían servir de refugio contra los huracanes. Los disidentes temen que las galerías sean usadas como campos de concentración subterráneos.

Sin embargo el afortunado ganador del viaje a la isla caribeña, no vio refugios atómicos, ni para huracanes. Vio una estación del Metro digna de París o Buenos Aires, y siguió caminando hasta llegar a donde estaba el cartel con el nombre de la estación. Decía Estación Ernesto Che Guevara, y más chiquito abajo (Ex Fulgencio Batista). A pocos pasos vio una vitrina que exhibía un busto del Che, dorado como son siempre las efigies de Evita, y una placa de bronce con una reseña histórica. La leyó… Comandante Ernesto Guevara, muerto heroicamente en el asalto a la Moncada, el 23 de junio de 1953, cuando intentaba hacer la revolución…. Quiso vencer al capitalismo y no pudo.
         Tito sintió que le estallaba la cabeza, sabía que no estaba soñando, y la realidad estaba patas para arriba, grito desesperado: ¡Puta madre…en la Habana no hay subterráneo y el Che murió en Bolivia, en 1967!
         El hombre quedó obnubilado, como un sonámbulo, pero volvió a su pleno estado de conciencia cuando el tren llegó a la estación. Las puertas se abrieron y algunos pasajeros bajaron apurados como si fueran porteños y no cubanos ¿Qué había pasado con la  despreocupación caribeña? ¿Con ese mundo donde las necesidades básicas están resueltas, y nadie por lo tanto está apurado? Tito quiso averiguarlo, para ello tomó el subte y pensó: me bajaré donde encuentre tumulto. El metro se puso en marcha, y las estaciones comenzaron a sucederse con nombres tales como: Presidente Gloria Stefan, Adam Smith, Héroes de la Contrarrevolución, Winston Churchill, Julio San Francisco, Jorge Luis Borges… Cada vez que la formación paraba subía más y más gente. Parecían oficinistas o yupis, a juzgar por sus formales vestimentas. Nada menos caribeño que esa gente, físicamente parecían cubanos y hablaban como cubanos, pero no usaban ojotas ni camisas floreadas. El tren se detuvo en la estación  John Fitzgerald Kennedy, la cantidad de gente era impresionante, como si fuera Diagonal Norte a las 6 de la tarde. El acostumbrado porteño, que durante el viaje no había hablado con nadie, ni salido de su mutismo, supo ganar la puerta a los empujones. En un rincón del andén vio un mendigo andrajoso que hedía a ron y pis, durmiendo la siesta sobre cartones. Se detuvo frente a una placa de bronce adosada a la pared, casi sin querer leyó:
John Fitzgerald Kennedy, presidente de EEUU durante tres períodos (1961-1964 y 1965-1968, 1977-1981)
A nuestro amigo y benefactor de la República Federal de Cuba, en el 30 aniversario de la Cumbre Internacional de Paz en Bahía de los Cochinos.
19 de abril de 1961 – 19 de abril de 1991
El turista argentino, cada vez más confundido, se alejó preguntándose qué habría sido  de la vida de Lindon B. Johnson y Jimmy Carter. Se mezcló otra vez con la multitud y en la primera escalera que encontró ascendió a la calle. Lo recibió una Habana inimaginable, grandes edificios vidriados parecían querer alcanzar el cielo, un chico de la calle le preguntó ¿Oiga amigo…no tiene una moneda? Los cartoneros revolvían la basura, pero los autos eran modernos y dignos del principado de Mónaco. Ya estaba casi acostumbrado a esta nueva “realidad”, más sereno decidió hablar con alguien que lo pusiera al tanto de la otra Cuba. Miró a su alrededor, vió sobre la vereda varios puestos de una feria que vendía baratijas electrónicas y ropa apócrifa de marca. Le recordó a Retiro, se detuvo en un puesto que vendía libros usados. El vendedor estaba concentrado leyendo un libro grueso, en la tapa decía Los Mitos de la Historia Cubana Volumen IV, Felipe Trompada. Lo interrumpió:
-         Disculpe señor, buenas tardes, soy un turista argentino que llegué hoy a La Habana, y tengo interés por la historia de Cuba. Me llama la atención el libro que está leyendo. Antes de comprarlo, si no es mucha molestia quisiera hacerle algunas preguntas sobre el tema.
-         Hola, amigo, soy Raúl tengo 74 años, me intereso por la historia. A los viejos nos gusta revolver el pasado. ¿Qué es lo que usted quiere saber?
-         Tengo particular interés en la vida del guerrillero argentino, Ernesto “Che” Guevara…
-         ¿Cómo Argentino?… el “Che” era un tupamaro uruguayo.
-         Si lo mismo dicen de Gardel.
-         ¿Qué era tupamaro?
-         No que era uruguayo.
-         ¡No! Gardel nació en Asunción, pero el “Che” en Tacuarembó. 
-         Bueno como sea, disculpe la confusión, he leído historia toda la vida, pero de repente se me hizo una laguna. ¿Qué pasó con el asalto a la Moncada?
-         Guevara muere peleando en la Moncada, y el mundo prácticamente se olvida de él. Cuando volvió la democracia su figura fue rescatada y reivindicada por la izquierda. Fue entonces cuando le cambiaron el nombre a la estación del subterráneo. Batista pasó a ser una mala palabra. 
-         Todos sabemos que el asalto a la Moncada fue un fracaso… ¿Pero luego no hubo otro intento de hacer la revolución?
-         Si, Fidel Castro el 1 de enero de 1959 intentó nuevamente tomar el poder, pero las tropas de Fulgencio Batista sofocaron la revolución. Luego vinieron los años del plomo, la persecución de todos los que se opusieran, o parecieran oponerse al régimen de Batista. Secuestros, desapariciones, fusilamientos, simulacros de fusilamientos, torturas, centros clandestinos de detención, vuelos de la muerte, NN… Decían que Don Fulgencio, era malvado porque no había tenido infancia.  Reinaba el miedo, eran los años del no te metas. Muchos decían… ¡Si desaparecieron… en algo andarían! ¿Escuchó hablar de esto alguna vez?
-         Si todo el tiempo… tanto lo escuché que me suena familiar. ¿Y qué pasó con Fidel?
-         Fidel se exilió, anduvo en distintos lugares del mundo. Con el advenimiento de la democracia volvió a estudiar economía en la universidad de La Habana, actualmente vive en Vilanova i la Geltrú, cerca de Barcelona. Durante muchos años fue profesor en una universidad española. Algunos lo acusan de ser un traidor y de haber negociado su salvación con la sangre de sus compañeros. No sé si será verdad…
-         ¿Y cómo termino la tiranía de Batista?
-         Con la intervención de los Estados Unidos, cuando el capataz de su rancho caribeño no les sirvió más a los yankees, decidieron cambiarlo. Entonces Kennedy inventó toda esa vaina de la Cumbre Internacional de Paz de Bahía de los Cochinos. Un cuento para los cubanos, porque EEUU nos siguió dominando, pero al menos pudimos votar a quienes nos gobernarían. Con la llegada de la democracia vino el juicio por violación a los derechos humanos a Don Fulgencio y su cúpula. Luego “los caras sucias”, un grupo de militares revoltosos comandados por el Coronel Arnoldo Pobre, amenazaron con un golpe. Como la democracia tambaleó,  el presidente, Don Saúl Alfonbín se vio obligado a sacar la Ley de Punto y Aparte.
-         Luego vino el gobierno de Carlos Raúl Méndez y su ministro de economía Sunday Carballo. Nos hicieron creer a los cubanos la patraña de que 1 dólar es  =  a 1 kilo de azúcar. Pero esa es otra historia que no le voy contar, la leerá usted mismo en el libro. Se lo dejo a u$d 5…. la moneda que hemos adoptado desde la cumbre de Kennedy…

Tito metió la mano en el bolsillo, y sacó un faco de billetes cubanos, que había cambiado en el aeropuerto, en algunos de ellos sonreía Camilo Cienfuegos, y en otros lo miraba serio Guevara, creyó que no le iban a servir y los volvió a guardar. Por suerte en otro bolsillo encontró un billete mugroso y arrugado desde el que Abraham Lincoln lo miraba con cara de perro. Se lo entregó al vendedor y este lo aceptó. Acto seguido, dijo:
-         Don Raul, ha sido un placer hablar con usted, aunque pensé que las cosas eran de otra manera. Es un gusto saludarlo, tengo que tomar el subterráneo.
Tito decidió volver a la realidad que ya conocía, para ello tomo él metro hasta la estación Che Guevara. No consideraba que la nueva realidad fuera mejor o peor, simplemente prefería quedarse con lo bueno y malo ya conocido. Afortunadamente cuando llegó a la estación de su destino pudo visualizar y transponer la abertura en la punta del andén. Subió la escalera y llego a la puerta donde había comenzado todo. Salió del bar sin detenerse a hablar con el mozo. Una vez en la calle volvió a regocijarse con La Habana vieja.
Tito pasó los siguientes días de su viaje en la Cuba de la que todos escuchamos hablar. Lo disfrutó. Cumplidas sus vacaciones regresó a Buenos Aires y a su rutina. Nada había cambiado todo parecía normal. Sin embargo cuando el verano porteño amenazaba con terminar, el empleado municipal salió a caminar sin rumbo tal como le había aconsejado el médico. En una esquina de su barrio, Parque Patricios, descubrió un barcito, el cartel rezaba: “Bar dos mundos”. Nuestro protagonista pensó ¡Otra vez me están jodiendo! Pero no pudo resistir la tentación. Se sentó y pidió una ginebra, la hizo bajar despacio por la garganta y luego preguntó donde quedaba el baño. Le dijeron: al fondo a la derecha. Desobedeció las indicaciones del mozo, y doblo a la izquierda perdiéndose en un laberinto. Encontró la puerta…. El cartel decía: SI ABRE ESTA PUERTA TRIUNFA LA REVOLUCIÓN.