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Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar con mi mujer y mis hijos... y otros temas.

sábado, 24 de agosto de 2013

El Aleph

La gran biblioteca del escritor ciego
se abre como una inmensa red
se llama tía Net, o también Internet.
Los hexágonos se suceden
cuatro pasillos a la derecha
cinco escaleras abajo
al infinito y más allá, los servidores…
Nunca los vimos, todo llega por el ciber espacio.
Los libros ahora son webs o blogs,
y tenemos la cabeza llena de telas de arañas.
Aunque también están los multicalcetines
o por decirlo en criollo los multimedia.
Se ven videos y se escucha música en youtube,
no me queda claro… ¿you o tu?
es lo mismo pero en diferentes jeringosas.
Nos empeñamos en compartir
pelotudeses muy boludas en facebook.
Nos sorprendemos al encontrar al gordo Cacho,
hace 35 años que no sabíamos nada de él…
Sin embargo no sabemos qué decirle.
A lo sumo apretamos el botón “Me gusta”
o escribimos KE BUENO… Salu2!!!!!!!!!!!!!!
Nunca fue más fácil estudiar, pero nos negamos.
Elegimos “Clava que te clava la sombrilla”
en lugar de “Kind of Blue de Miles Davis”.
Todo es más rápido y mediático,
hasta la amistad, ahora tenemos millones.
No está mal….
Pero me produce un poco de nostalgia…
La época en que las cartas se esperaban semanas,
los amigos se contaban con los dedos y tomaban café en un bar…
Los discos de vinilo y los libros se atesoraban.
Todo formaba parte de un rito sagrado.
Si alguien te molestaba lo mandabas al carajo,
y no lo bloqueabas como en facebook.
¡Mierda! Me estoy poniendo viejo.   

sábado, 13 de julio de 2013

Libertad irrefrenable.

Disminuiré la velocidad a 60 Km,
tal como impone el círculo rojo.
Cumpliré con la obligación del sufragio,
aunque no tengo ganas de votar a ninguno.
Reduciré mi dosis de colesterol e hidratos,
por más que pierda sabor la vida.
No ventilare mis pedos en presencia de damas,
o al menos diré que el culpable es otro.
Opinare lo que políticamente es correcto,
travestido por las ideas de moda.
Seré bien educado, no escribiré
ni concha, ni poronga en mis prosas o poemas.
Asentiré a las órdenes  de mi jefe,
me tiene sin cuidado que sean estúpidas.
Diré que la película del genial creador es maravillosa,
no obstante me haya aburrido como un hongo.
Me abstendré de romperle la cara al prepotente,
nunca se va enterar que estuvo a punto de morir.
No haré el amor en lugares públicos,
a vista y paciencia de los curiosos.
¡Pero sepan, sépanlo muy bien… no me han doblegado!
Pues… voy a pensar lo que yo quiera.






¿Por qué nos echaron del paraíso?


La noche se cernía sobre el Jardín del Edén. En el suelo de la caverna, los cuerpos desnudos de Lucy Australopithecus Afarensis, una chica de doble apellido y alta alcurnia (dado que era hija de la ciencia),  y de Adán, un vago del barrio cuyo único mérito era ser el primer hombre creado por Dios, yacían sobre una piel de oso. El fuego los iluminaba destacando sutilmente su belleza, y reflejando hermosas sombras sobre el techo de la cueva. Lucy no era muy alta, apenas medía un metro cincuenta, pero tenía la piel de color ébano, un rostro exótico y bello coronado por un millón de trencitas que llegaban hasta sus generosas caderas. Estaba llena de sinuosas curvas y su humanidad no se parecía en nada al de la hembra homínido que se ven en las laminas escolares. Poseía pechos enormes, y una boca grande y carnosa. O sea los famosos labios chupa-naranjas. Pero Lucy no chupaba sólo los frutos del paraíso, aquella noche estaba lamiendo palmo a palmo el cuerpo de Adán, un joven de rulos rubios, delgado y de anchas espaldas, con músculos fibrosos pero no excesivamente voluminosos. Adán también la recorría con su boca y sus manos, acariciaba sus senos, sus caderas, provocaba humedades, la tomaba de las ancas y penetraba suavemente en su sexo rojo. La danza erótica se prolongaba tanto que en nuestra triste época hubiera resultado sólo producto de una mente llena de fantasías imposibles. Ambos alcanzaban el orgasmo, una, dos, cuatro, siete, diez veces. Todo parecía indicar que jamás encontrarían satisfacción, que nunca se cansarían, se amaban lenta y minuciosamente. Desde un lugar de la caverna que el fuego no se había atrevido a iluminar Eva los espiaba, estaba en cuclillas para evitar que su metro setenta la delatara. Quieta procurando no hacer ruido, sentía un nudo en la garganta y el corazón le latía como una tropilla de unicornios desenfrenados. No podía creer lo que estaba viendo. Cuando vio que Lucy devoraba golosa el sexo de su marido cubriéndolo con sus enormes labios, no pudo más y salió de su escondite. La luz del fuego reveló su perfecta anatomía digna de la Venus de Boticelli. Estaba en medio de un ataque de histeria y gritos. Cuando Adán la vio aparecer repentinamente, dejó de lamer los pezones inconmensurables de Lucy, y dijo sobresaltado:
-          ¡Eva, mi amor, qué sorpresa, perdóname no sabía que llegarías tan temprano!
Eva seguía danzando y corriendo desnuda, sacudiendo su larga cabellera pelirroja, meneando su culo escultural y respingado, contoneando sus piernas torneadas, quebrando su fina cintura, bamboleando sus firmes pechos; y haciendo morisquetas con el rostro que sólo Dios había sido capaz de crear.  Eva estaba sencillamente loca y no parecía tener control de su imponente anatomía, pudo caer al fuego, pero al final dejó de contorsionarse y habló:
-          ¡Qué lindo! ¡Qué lindo! ¡Estoy histérica de felicidad! ¡Cómo los quiero, que bueno poder salir de casa y saber que mi marido está con una hembra de verdad, y no con una tilinga anorgásmica que lo aburriría! Los veo y siento que un río de humedad me corre entre las piernas, son hermosos.
-          (Adán respondió, mientras Lucy seguía entretenidísima con su poronga) Eva, mi amor, se que te gusta por eso te pido perdón. Si hubiera sabido que venías, hubiera puesto la piel de oso King Size, así nos disfrutábamos los tres. Eva, a todo esto… ¿Dónde anduviste? Siempre que te vas de casa, y decís: ¡Chau Adán, chau gordo… me voy a echar un polvo por ahí! Yo no te espero, me quedo tranquilo porque sé que volves a los tres o cuatro días. Soy cociente de que no estás haciendo nada malo, simplemente estas culeando por ahí. 
-          Adán, dulce… Estaba acá al lado, cogiendo con “Pitocantropus Erectus”
-          (Lucy, distrayéndose de sus tareas amatorias se dignó a intervenir) Ah!!!! ¡Qué bueno estabas en mi casa, con mi marido! Me pone recontenta que una amiga generosa lo haga gozar, y le haga compañía así no me extraña…. Además vos tenés la habilidad de hacerlo rugir como a un tigre dientes de sable, porque le provocás orgasmos impresionantes. Me pone tan contenta que mi hombre salvaje sea feliz. ¡Che Eva… viste que verga tiene mi amado “Pitocantropus”, siempre erecta, siempre lista para eyacular mil veces si es necesario!
-          (Eva respondió) ¡Sí, sí sin exagerar treinta y cinco centímetros! ¡Me encanta ese hombre todo peludo, tan primitivo! ¡Me vuelvo loca de gozo con su forma tan salvaje de copular! ¡Es cómo si te atropellara el peso de un mamut, pero no en kilos sino en placer! ¡Es tan musculoso, tan dulce y bruto al mismo tiempo, una se siente realmente protegida cómo mujer! ¡Pero sobre todo llena!
-          ¡¡¡Ayyy Gracias Eva por lo que decís de mi marido, tus comentarios son muy amables! Bueno querida, vos no te podes quejar, lo que vos tenés en tu casa es un bombón. ¡Adán es tan delicado, siempre se toma su tiempo cuando hacemos el amor! Además es un caballero muy refinado. Nunca olvida las normas de cortesía, cuando me invita a la caverna, siempre me corre la cortina de piel de mastodonte y me deja pasar primero, y después con toda educación me dice: ¡Lucy, dale vamos a garchar! Además, es verdad, tiene una pija un poco más chica que la Pitocantropus, pero sus veinticinco centímetros de eslora no son para nada despreciables, además su semen tiene gusto a guayaba. Cabalgar sobre su miembro es como montar sobre un dulce rayo que me llena electricidad (y se quedó pensando, que querría decir electricidad, la palabra le gustaba, no tenía idea de dónde la había sacado)
-          ¡Vos estás loca Lucy! ¡El néctar del pito de Adán tiene sabor a mamón! Me encantó ver cómo te devorabas el sexo de mi marido. Noto que el es feliz, que vos se lo chupas mejor que yo. Lo que es justo es justo, a mi me encantaría aprender ¿No me enseñas?
-          Todo es cuestión de técnica, para que me entiendas vos lo tenés que sentir en tu propio cuerpo. La lengua tiene que vibrar, y se puede hacer con una pija o con una concha, vení que te muestro.
Adán se apartó un poco, y Eva ocupó un lugar en la piel de oso. Lucy la beso en la boca, acarició su cara con ambas manos mientras le sonreía amablemente, beso su cuello, le susurró palabras muy amables y dulces, se divirtió con el contraste de sus pieles, lamió sus pezones rosados que desprendían azahares, beso su vientre blanco y plano, se perdió en la cavidad de su ombligo (una cicatriz sin sentido en Eva, sólo colocada allí de adorno por el creador). Llegó al monte de Venus donde se detuvo deliberadamente durante un rato entre su cabellera breve y pelirroja, luego sin más comenzó a lamer su clítoris, le  supo a vainilla. Eva se retorcía de placer ante la maestría de Lucy, pero le pidió que parara, porque no podía más, y expresó que era su turno. Entonces repitió la secuencia, un beso en la boca,  le clavo la mirada color miel sobre los ojos negros de Lucy, las caricias en la cara, la besó en el cuello y cuando llegó a las tetas descubrió que tenían gusto a chocolate. En su paso por el pubis, se quedó sorprendida porque éste estaba poblado por una mata espesa y olía a jazmines. Al sorber el clítoris descubrió que le recordaba a la chirimoya.  
Adán, disfrutaba del momento, pero sintió que si intervenía interrumpiría algo. Y dijo, voy a buscar a “Pitocantropus”. Y al cabo de un rato volvió a ingresar en la cueva acompañado de su amigo. Ambos observaron que las chicas seguían muy entretenidas. Entonces Adán, le dijo a Pitoncantropus:
-          ¡Estas minas son hermosas, cómo se quieren… cómo nos quieren…pero ahora no nos dan ni bola. ¿Qué te parece si jugamos al teto?  
-          (Pitocantropus era medio lento de entendederas y preguntó:) ¿Cómo es ese juego?
-          Relindo, re fácil, vos te agachas y yo te la meto.
Pitocantropus, primero sin entender por qué tuvo ganas de cagarlo a trompadas, pero luego sintió que la idea no tenía sentido. Además lo vió tan rubiecito, tan lindo, y pensó  los hombres también somos bellos, y finalmente asintió:
-          Bueno, está bien. Pero antes hacéme mimitos, soy grandote pero tengo el corazón tierno. Y no me gusta que me maltraten.
Adán los beso en la boca con una pasión irrefrenable. Observó extasiado el rostro inocente y bondadoso de aquel hombre, mientras con ambas manos intentaba abarcar su poronga enorme. Casi se desjarreta la comisura de los labios cuando los abrió para chupársela.  Sin embargo sintió que todo su cuerpo se estremecía, que era amor, que era deseo inocente e inocuo, que el enorme glande era como una bella frutilla y que tenía su sabor. Pitocantropus Erectus se relajó y perdió todos los miedos, a nada había que tenerle miedo en el paraíso.
-          Pitocantropus, me encantan las tetas de Lucy porque son inmensas y negras, o los senos pequeños y dulces de Eva… Pero también me gusta tu pecho ancho y peludo. No me importa si sos el primer hombre hijo de Darwin o el último mono. Tampoco me importa si yo soy el primer hombre creado por Dios. Lo único que sé…. es que  sos más lindo que el hombre de Vitrubio.
-          ¿Qué quien? ¿Quién es Vitrubio?
-          No importa, Pito… Quiero estar adentro tuyo.
Cuando Pitocantropus, se puso boca abajo, Adán vió sus macizos muslos, su torso era más recto que en una mujer. Sus dorsales eran impresionantes, y formaban un bello trapecio con su espalda. Pitocantropus era un hombre capaz de desmayar a un mamut de una cachetada, sin embargo allí estaba en su máxima mansedumbre. Adán abrió sus glúteos y descubrió la belleza infinita que tenía aquel orificio que parecía un asterisco. Primero lo penetro con un dedo, y luego viendo que Pito lo dejaba hacer, utilizó dos. Pitocantropus, sintió que se iniciaba a un viaje astral, relajó su esfínter y recibió el falo de Adán concibiendo sólo placer. Todo fue muy tierno, en el jardín del Edén no había pecados. Al cabo de un rato, y luego de haber experimentado un orgasmo infinito, Pitocantropus susurró:
-          Está buenísimo,  tenés que probar, te va encantar.
-          ¿Estás loco? Me vas a destruir el orto, Pitocantropus ¡No!
-          Ay, Adán mi dulce amor… Open your mind and your heart…baby! Y luego todo se abrirá en ti. Todo el mundo se ríe de mí y piensa que soy muy bruto, e incluso tonto. Pero yo sé observar el mundo, he hecho un descubrimiento accidentalmente. Me olvide un poco de zumo de uva en un obre. El jugo estuvo allí más de un mes y cuando fui a tomarlo descubrí que se convirtió en una bebida que te llena el espíritu de alegría y el pecho de un calor muy agradable, pero lo mejor de todo es que te saca las inhibiciones. Se me ocurrió ponerle un nombre estúpido “VINO”, digo porque vino sólo, yo no lo busqué. Probálo, te va gustar.
Adán, no lo dudó tomó curioso unos cuantos tragos de la bebida, y como nunca había bebido alcohol resultó irremediablemente alegre y desinhibido. Cuando Pitocantropus lo penetró suave pero firmemente con aquel obelisco hecho órgano humano, sólo sintió éxtasis y vió estrellas brillantes de colores. Eso sí, cuando se le pasó el pedo el culo le ardía un poco, por no decir bastante.        
Ambos hombres se amaban con ternura, cuando Eva y Lucy observaron que se revolcaban en la fría loza del piso de la cueva. Entonces decidieron invitarlos a compartir la piel de oso King size que previamente habían preparado, de todos modos el espacio era chico pero los corazones grandes. En aquel tiempo y lugar no era necesario el viagra para tener una noche de sexo interminable, nadie se cansaba, no había culpas, y las mucosas generalmente no se irritaban. Lucy, Pitocantropus, Eva y Adán se amaron la noche entera. En lugar de un cuarteto, parecían una orquesta sinfónica, dada su destreza amatoria. Enredados y felices los sorprendió el amanecer.
Los cuatro amantes, luego de tanta actividad sexual estaban famélicos. Por este motivo Pitocantropus y Adán decidieron ir a cazar y pescar. Mientras Eva y Lucy se quedaron en la cueva haciendo tortillas. 
La jornada de cacería y pesca fue un fracaso. Pues Adán y Pitocantropus estuvieron más ocupados cogiendo, que siguiendo rastros y encarnando anzuelos; y las tortillas eran cosa de Lucy y Eva. Cuando por la tarde arribaron nuevamente a la cueva no había que comer. Fue Eva la de la idea, sugirió:
-          ¿Si probamos un fruto del árbol prohibido? La manzana seguramente será un fruto mágico, y un cuarto de ella a cada uno nos servirá de sustento.
-          ¡Eva estás loca… Nuestro creador nos prohibió expresamente que comamos la manzana, dijo Adán.
-          No seas ortiva, agrego Lucy. No creo que el barbudo se enoje tanto. 
-          No sé, si hay quilombo a mi no me metan, refirió Pitocantropus.
-          ¡Cagones! ¡Ca-go-nes! Se comieron terribles porongas y ahora los asusta lastrarse un cuarto de manzanita…. Vociferaron ambas damas a dúo.
-          Bueno está bien, expresó resignado Adán mientras iba a buscar la manzana.
Era verdad, la mágica y vedada manzana sació el hambre de aquel día. Pero fue la perdición de la humanidad. Cómo decía el general: ¡Trono el escarmiento! El señor en persona se presentó en el paraíso, llevaba el veredicto en un papiro debajo del brazo, los seres humanos estaban condenados. Dios abrió el rollo y aplicó la condena.
            Nunca más fuimos libres. Una nube enorme de juicios nos cubrió.  Las mujeres tuvieron que parir con dolor, y debieron esperar hasta bien entrado el siglo XX para poder hacerlo con cierta seguridad sanitaria. Tuvimos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. La muerte hizo que nuestra vida ya no fuera infinita, nos engatusaron con un nuevo paraíso espiritual… dudoso, eventual, y desconocido. Este cielo solo se puede alcanzar si nos portamos muy bien, y no pecamos. O si nos arrepentimos oportunamente ¿Y si todo fuera un fraude? Nacemos con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas, apenas afloramos en este mundo, y comenzamos a envejecer. Nos impusieron una ley que en Jardín del Edén no existía, se llama “moral”. Esta norma condena la fornicación con la mujer del prójimo, con una persona del mismo sexo, o cometer “actos impuros” explorando y tocando nuestro propio cuerpo. O sea no podemos tener sexo libremente ni siquiera con nosotros mismos.  Llego la vergüenza, y la necesidad de tapar nuestros genitales. De esta caja de pandora que el creador tuvo la gentileza de abrir como castigo por el pecado original, también salieron las enfermedades venéreas, asesinas mutantes que progresaron de la sífilis al SIDA… y después quien sabe. Nuestras mucosas genitales se llenaron de gusto y olor a pescado podrido. Y lo peor de todo es que nos inocularon los celos, un sentimiento perverso que nos atormenta y que nos hace capaces de ser homicidas pasionales.
Finalmente si algunos heréticos se cagan en todos los castigos impuestos, no se salvan de las personas chusmas que siempre estarán gustosas de hablar pelotudeces y juzgar actos a espaldas de los inmorales transgresores.

Y así fue cómo perdimos el paraíso, y todo por una puta y simple manzana ¿Una pena, no?

martes, 2 de julio de 2013

El origen mítico del pueblo argentino

Prometeo creó a los argentinos, la idea era hacer seres superiores. Los dotó de un ego superlativo, de la viveza criolla, de gran ingenio y de la capacidad para sobrevivir a los ministros de economía, sin importar que estos fueran de factos o democráticos. Les dió una tierra llena de riquezas inagotables, extensa y maravillosa. “La Argentina” pago, poseedor de todos los climas, inmensas y fértiles praderas, altas y bellas montañas coronadas por hielos eternos, bosques impenetrables, lagos cristalinos y un océano, menos transparente que los políticos argentinos, pero repleto de frutos de mar. También les concedió la capital del universo, “La misteriosa Buenos Aires”, la ciudad con la avenida más larga, “Rivadavia” y la más ancha “9 de julio”. Les digo que les concedió esta ciudad porque todos sabemos que ya existía y que jamás fue fundada, como dijo don Jorge Luis, ¿Recuerdan los versos?

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.



Bueno, si es por ciudades, también es menester recordar que Prometeo fue el fundador de Córdoba, la capital universal del cuarteto y el fernet con cola.
            Los argentinos estaban solos y aburridos, entonces el gran Dios les concedió lo mejor… Creó a las argentinas, las minas más lindas del mundo. ¿Qué con barro? ¿Qué con una costilla? Umm… no lo creo, debe haber tomado la porción más bella del alma de los argentinos.
Cuando digo que Prometeo creó a los argentinos, digo que creó a la raza humana. Cualquier mente despabilada descubre con un corto análisis que el resto de los pueblos son una burda imitación hecha a imagen y semejanza de los habitantes occidentales del Rio de la Plata. Con esta idea adhiero a la teoría de Florentino Ameghino, que por cierto era argentino. El origen del hombre se produjo en la pampa argentina. Si ya sé, ustedes dirán que esta teoría está perimida. Pero eso es cosa de los refutadores que quieren sacarle meritos al magnánimo pueblo que ocupa el bello terruño que va de La Quiaca a Ushuaia. Son los mismos que dicen, que la mejor carne del mundo la da una rara vaca japonesa llamada Wagyu. O que dicen que el rock nacional simplemente no existe. Son todas pelotudeces producto de la envidia. Todo porque Charly García se tiró de un noveno piso y no le pasó nada, pero Keith Richards se cayó de una palmerita y casi se mata.     
Prometeo vió que a los argentinos y a las argentinas les gustaban las guitarreadas. Observó que se formaban en corro alrededor de la nada y comenzaban a cantar, se amuchaban y tomaban malbec de Mendoza para protegerse del frío. Entonces el creador del gran pueblo, aprovechó la siesta de Zeus para afanarle las semillas del fuego, y se las regaló a aquellos cantores. De ese modo podrían cantar y payar en ronda alrededor de algo, el fuego. Los argentinos, el pueblo más avispado de la creación, no tardaron en inventar “el asado argentino” manjar de los dioses si los hay. Zeus, que seguía durmiendo en la cima del Aconcagua (perdón, no serán tan giles de creerse lo del monte Olimpo) despertó gracias al perfume de los costillares, vacíos, corderos, lechones y achuras asándose. Entonces decidió bajar a comer. Imagínense cómo reaccionó la gauchada cuando vieron aparecer al barbudo por el fogón. La barba no era nada podría haber pasado por el viejo vizcacha, pero la túnica, el cinturoncito dorado, y la corona de laureles fueron objeto de las más pesadas burlas. Así y todo finalmente le dijeron: ¡Che barba, no te calenté, agarrá tu cuchillo y morfá todo lo que quieras. Zeus le dijo: No poseo cuchillo ¿Vosotros me lo prestaríais? A lo que los paisanos  le respondieron: ¡Mirá viejo trolo, somos GAY FREENDLY y acetamo´ que comas con nosotro´, pero el cuchillo no se le empresta ni a Dio´! Ádema´ decinos una cosa ¿Cómo carajo haces para montar a caballo con esta túnica de mierda?  Zeus, se sintió ofendido, pero no quería perderse el asado ni mamado, y aceptó comer con las manos los trozos que le fueron alcanzando. Cómo esto le trajo no pocos problemas con su prótesis dentaria, y se había olvidado el COREGA, durante el mítico almuerzo fue desarrollando un profundo resentimiento a aquel pueblo que lo igualaba, o incluso lo superaba, en su divinidad. Y que además tenía el atrevimiento de tratarlo con desprecio.
Zeus decidió castigar a Prometeo por haberle concedido el fuego a una nación tan vulgar y soberbia. Y le dijo: ¡Prometeo… no serás más un Dios! Si tanto te gustan los argentinos, serás argentino. Serás inmortal, pero no tendrás ninguno de los otros poderes de los dioses. Te ganarás la vida en una mugrosa pulpería de un paraje de la provincia de Buenos Aires, llamado Lavardén. Y allí está la pulpería de Prometeo, el tipo no la pasa para nada mal, lo invitan a todos los asados del pago. Nadie se explica cómo vive tanto. Cuando lo escuchan contando que él fue el creador de los argentinos, lo toman por un pobre viejo con delirium tremens, y con el cerebro recocinado por la ginebra. Prometeo, tiene un ayudante, el gaucho Hercúleo. Es un hombre muy fuerte, capaz de llevar una vaca debajo de cada brazo. Cuando Prometeo comienza con sus delirios de las semillas del fuego y la rueda del sol, Hercúleo le dice: ¡Déjese ya de romper las pelotas viejo, otra vez mamado, venga que lo llevo a la cama para que duerma un rato la mona! A lo que Prometeo responde, mientras el ayudante lo lleva en brazos: Sí, sí la Mona Giménez bajo conmigo del Aconcagua, cuando fundé Córdoba…. Por supuesto nadie entiende un carajo de lo que habla.      
Pues Zeus decidió sancionar a los argentinos… los castigó con “el olvido que todo destruye”. El pueblo más maravilloso de la creación olvidó que todas las otras etnias fueron hechas a su imagen y semejanza, pero le bastó un puñado de inventos y victorias deportivas para saber que siguen siendo los mejores del mundo. El dulce de leche, la birome, el colectivo, el descubrimiento de las huellas digitales, la jeringa descartable, Fangio, Maradona y Messi, alcanzan para demostrar una superioridad irrefutable. Las demás son giladas, o cosas que otros pueblos descaradamente les han robado a los argentinos valiéndose de su amnesia. Me imagino que no serán tan giles de creer que el gringo Neil Armstrong piso por primera vez la luna. Seguramente fue algún gaucho puesto en órbita cuando  recibió una portentosa patada en el culo, propinada por un pingo nervioso. Sin embargo, pobres argentinos, han sido castigados con el olvido, y los otros pueblos jamás reconocerán su irremediable inferioridad. ¿Que se le va hacer? Como dice el tango… cualquier cacatúa quiere tener la pinta de Carlitos Gardel.*


Juan Pablo Roncoroni



* Nota del autor: A un par de salames antiargentinos (que nunca faltan, porque si la envidia fuera tiña cuantos tiñosos habría) sostienen que Gardel es francés. Las siguientes palabras expresadas por el morocho del Abasto, demuestran su profunda argentinidad. ¡Así que francés… las perinolas!
"Cómo voy a cantar palabras que no entiendo, frases que no siento.
Hay algo en mí que vibra al sonido de las palabras que me son familiares, que están hondamente arraigadas en lo más íntimo de mi ser; palabras que aprendí en mi niñez, que tienen el significado de cosas muy nuestras, imposible de transmitir… El idioma, señores, es el español... o mejor aún, el porteño. La pregunta: ¿me quieres? no contiene para mí la emoción que se vuelca en la misma pregunta porteña: ¿me querés? El pronombre vos, en lugar de tú; el verbo vení en lugar de ven... ¡Qué pena, amigo que no pueda satisfacer sus deseos!, ¡yo sé cantar solamente en criollo!
"






(En los estudios de la NBC cuando le proponían grabar en un lenguaje neutro para los países de habla hispana.)



viernes, 28 de junio de 2013

La luna estaba en celo

La luna estaba en celo
el mar bramaba alzado
la brisa era un orgasmo tibio
el sol como siempre caliente
se había anunciado lluvia
la tierra seducía con su perfume
todo me recordaba a tu piel
y a la ternura de tus labios
las montañas eran senos en flor
¿Y vos?
Vos… no estabas 

Historia de las lenguas romances en la península Ibérica y otros barrios.

De tanto leer a don Umberto Eco, y su genial novela el Nombre de la Rosa, me copé con esto de mixturar diversas lenguas. De esto surgió un estudio muy serio que de alguna manera viene a resumir la verdadera historia de las invasiones romanas, la introducción del latín y su posterior destrucción. Dicen que las lenguas son vivas, pero el latín es una lengua muerta. Gallegos, proto-brazucas, protosudacas, protoargentinos y los propios tanos se encargaron de matarla bien muerta. Entre los principales asesinos se encuentran el Dante Alighieri, Miguelito Cervantes y la mona Gimenez.
I Romani erano tutti degenerati e putti. Hanno invaso la peninsola ibérica duemila anni fa. Ma che romani piu bolutti. Loro (o sea questi romani) hanno portato la lingua latina e hanno dito: Somus Romanus, entregaus le armus e rendidus. Ma che casino (quilombo), nella terra Spagnola ci sono stati le montagne. Le montagne... Oh Dio! Una vera e propria barriera naturale. Quindi, Entonces, in ogni valle, en cada valle, ogni popolo hanno parlato i´latin come se li hanno cantato il culo. Digo que han hablado el latín como les vino en ganas. Cosi hanno nato il castellano, il portuguese, il galiziano. En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, Don Quijote dijo: ¡Me da por los cojones “parlare”, nosotros hablaremos y santas pascuas. Joder con estos romanos y su forma bruta. Oficio que no da de hablar no vale dos rábanos sostuvo Sancho Panza, y dijo los romanos no hablaban italiano, ergo non parlabano. No entanto, em uma taverna lusitana Fernando Pessoa falou. ¡Puta qui pariu aos romanos, e a Don Quixote também… nos vamos a falar, não vamos a parlare nem hablar. Os gallegos tambem falarom, como os portugueses, mais no ficabam refriados. Digo que no tenían ese sonido nasal característico y hermoso imposible de imitar, decían “irmán” en lugar de “irmão”  Que dirien els catalans? Qui sap? Eles, lui o ellos, a questa altura ya no se como caraxo dirlo, tambeim erano degeneratti perche avevano relazioni carnali con i galli. I Galli sono meglio conosciuti come “i francesi”. Digo que los galos son más conocidos como “los franceses”. Que quilombo hicieron estos niatos con el latín de los romanos. Los principales héroes de la resistencia  a la nueva lengua fueron Axterix y Obelis, a lo mejor por eso resulto ser un idioma complicadísimo de hablar que tiene nueve vocales. Con el francés no me meto porque no lo he estudiado en profundidad, pero dicen por ejemplo: Que se frunce la boca y el culo como para decir “o” pero se dice “e”. El franceses es un idioma muy difícil y algunos lo tildan de afeminado, sin embargo muchos dicen que sirve para levantar minas.
Ritornando alla peninsola ibérica, debiamo dire che hanno abuto culture molto forte. Um bom exemplo são os bascos. Ellos dijeron al escuchar la lengua romana. ¡Euskadi! Euskadi! Y otras palabras no de origen romances precisamente. 
Ego, Io, Eu, Je, o sea YO en el idioma de Miguelito, podría holgar en mayores precisiones sobre el impacto de las lenguas romance en América. Pero profesora Sonia Petrini creo que lo mío ya es un ensayo, o porque no una tesis irrefutable que no puede faltar en ningún ambiente académico que se precie de tal.
Arrivederci!!!