Datos personales

Mi foto
Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar con mi mujer y mis hijos... y otros temas.

martes, 2 de julio de 2013

El origen mítico del pueblo argentino

Prometeo creó a los argentinos, la idea era hacer seres superiores. Los dotó de un ego superlativo, de la viveza criolla, de gran ingenio y de la capacidad para sobrevivir a los ministros de economía, sin importar que estos fueran de factos o democráticos. Les dió una tierra llena de riquezas inagotables, extensa y maravillosa. “La Argentina” pago, poseedor de todos los climas, inmensas y fértiles praderas, altas y bellas montañas coronadas por hielos eternos, bosques impenetrables, lagos cristalinos y un océano, menos transparente que los políticos argentinos, pero repleto de frutos de mar. También les concedió la capital del universo, “La misteriosa Buenos Aires”, la ciudad con la avenida más larga, “Rivadavia” y la más ancha “9 de julio”. Les digo que les concedió esta ciudad porque todos sabemos que ya existía y que jamás fue fundada, como dijo don Jorge Luis, ¿Recuerdan los versos?

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.



Bueno, si es por ciudades, también es menester recordar que Prometeo fue el fundador de Córdoba, la capital universal del cuarteto y el fernet con cola.
            Los argentinos estaban solos y aburridos, entonces el gran Dios les concedió lo mejor… Creó a las argentinas, las minas más lindas del mundo. ¿Qué con barro? ¿Qué con una costilla? Umm… no lo creo, debe haber tomado la porción más bella del alma de los argentinos.
Cuando digo que Prometeo creó a los argentinos, digo que creó a la raza humana. Cualquier mente despabilada descubre con un corto análisis que el resto de los pueblos son una burda imitación hecha a imagen y semejanza de los habitantes occidentales del Rio de la Plata. Con esta idea adhiero a la teoría de Florentino Ameghino, que por cierto era argentino. El origen del hombre se produjo en la pampa argentina. Si ya sé, ustedes dirán que esta teoría está perimida. Pero eso es cosa de los refutadores que quieren sacarle meritos al magnánimo pueblo que ocupa el bello terruño que va de La Quiaca a Ushuaia. Son los mismos que dicen, que la mejor carne del mundo la da una rara vaca japonesa llamada Wagyu. O que dicen que el rock nacional simplemente no existe. Son todas pelotudeces producto de la envidia. Todo porque Charly García se tiró de un noveno piso y no le pasó nada, pero Keith Richards se cayó de una palmerita y casi se mata.     
Prometeo vió que a los argentinos y a las argentinas les gustaban las guitarreadas. Observó que se formaban en corro alrededor de la nada y comenzaban a cantar, se amuchaban y tomaban malbec de Mendoza para protegerse del frío. Entonces el creador del gran pueblo, aprovechó la siesta de Zeus para afanarle las semillas del fuego, y se las regaló a aquellos cantores. De ese modo podrían cantar y payar en ronda alrededor de algo, el fuego. Los argentinos, el pueblo más avispado de la creación, no tardaron en inventar “el asado argentino” manjar de los dioses si los hay. Zeus, que seguía durmiendo en la cima del Aconcagua (perdón, no serán tan giles de creerse lo del monte Olimpo) despertó gracias al perfume de los costillares, vacíos, corderos, lechones y achuras asándose. Entonces decidió bajar a comer. Imagínense cómo reaccionó la gauchada cuando vieron aparecer al barbudo por el fogón. La barba no era nada podría haber pasado por el viejo vizcacha, pero la túnica, el cinturoncito dorado, y la corona de laureles fueron objeto de las más pesadas burlas. Así y todo finalmente le dijeron: ¡Che barba, no te calenté, agarrá tu cuchillo y morfá todo lo que quieras. Zeus le dijo: No poseo cuchillo ¿Vosotros me lo prestaríais? A lo que los paisanos  le respondieron: ¡Mirá viejo trolo, somos GAY FREENDLY y acetamo´ que comas con nosotro´, pero el cuchillo no se le empresta ni a Dio´! Ádema´ decinos una cosa ¿Cómo carajo haces para montar a caballo con esta túnica de mierda?  Zeus, se sintió ofendido, pero no quería perderse el asado ni mamado, y aceptó comer con las manos los trozos que le fueron alcanzando. Cómo esto le trajo no pocos problemas con su prótesis dentaria, y se había olvidado el COREGA, durante el mítico almuerzo fue desarrollando un profundo resentimiento a aquel pueblo que lo igualaba, o incluso lo superaba, en su divinidad. Y que además tenía el atrevimiento de tratarlo con desprecio.
Zeus decidió castigar a Prometeo por haberle concedido el fuego a una nación tan vulgar y soberbia. Y le dijo: ¡Prometeo… no serás más un Dios! Si tanto te gustan los argentinos, serás argentino. Serás inmortal, pero no tendrás ninguno de los otros poderes de los dioses. Te ganarás la vida en una mugrosa pulpería de un paraje de la provincia de Buenos Aires, llamado Lavardén. Y allí está la pulpería de Prometeo, el tipo no la pasa para nada mal, lo invitan a todos los asados del pago. Nadie se explica cómo vive tanto. Cuando lo escuchan contando que él fue el creador de los argentinos, lo toman por un pobre viejo con delirium tremens, y con el cerebro recocinado por la ginebra. Prometeo, tiene un ayudante, el gaucho Hercúleo. Es un hombre muy fuerte, capaz de llevar una vaca debajo de cada brazo. Cuando Prometeo comienza con sus delirios de las semillas del fuego y la rueda del sol, Hercúleo le dice: ¡Déjese ya de romper las pelotas viejo, otra vez mamado, venga que lo llevo a la cama para que duerma un rato la mona! A lo que Prometeo responde, mientras el ayudante lo lleva en brazos: Sí, sí la Mona Giménez bajo conmigo del Aconcagua, cuando fundé Córdoba…. Por supuesto nadie entiende un carajo de lo que habla.      
Pues Zeus decidió sancionar a los argentinos… los castigó con “el olvido que todo destruye”. El pueblo más maravilloso de la creación olvidó que todas las otras etnias fueron hechas a su imagen y semejanza, pero le bastó un puñado de inventos y victorias deportivas para saber que siguen siendo los mejores del mundo. El dulce de leche, la birome, el colectivo, el descubrimiento de las huellas digitales, la jeringa descartable, Fangio, Maradona y Messi, alcanzan para demostrar una superioridad irrefutable. Las demás son giladas, o cosas que otros pueblos descaradamente les han robado a los argentinos valiéndose de su amnesia. Me imagino que no serán tan giles de creer que el gringo Neil Armstrong piso por primera vez la luna. Seguramente fue algún gaucho puesto en órbita cuando  recibió una portentosa patada en el culo, propinada por un pingo nervioso. Sin embargo, pobres argentinos, han sido castigados con el olvido, y los otros pueblos jamás reconocerán su irremediable inferioridad. ¿Que se le va hacer? Como dice el tango… cualquier cacatúa quiere tener la pinta de Carlitos Gardel.*


Juan Pablo Roncoroni



* Nota del autor: A un par de salames antiargentinos (que nunca faltan, porque si la envidia fuera tiña cuantos tiñosos habría) sostienen que Gardel es francés. Las siguientes palabras expresadas por el morocho del Abasto, demuestran su profunda argentinidad. ¡Así que francés… las perinolas!
"Cómo voy a cantar palabras que no entiendo, frases que no siento.
Hay algo en mí que vibra al sonido de las palabras que me son familiares, que están hondamente arraigadas en lo más íntimo de mi ser; palabras que aprendí en mi niñez, que tienen el significado de cosas muy nuestras, imposible de transmitir… El idioma, señores, es el español... o mejor aún, el porteño. La pregunta: ¿me quieres? no contiene para mí la emoción que se vuelca en la misma pregunta porteña: ¿me querés? El pronombre vos, en lugar de tú; el verbo vení en lugar de ven... ¡Qué pena, amigo que no pueda satisfacer sus deseos!, ¡yo sé cantar solamente en criollo!
"






(En los estudios de la NBC cuando le proponían grabar en un lenguaje neutro para los países de habla hispana.)



No hay comentarios:

Publicar un comentario