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Juan Pablo Roncoroni, Villa Gesell. Tengo varios blogs que versan sobre distintas cosas... la cerveza, el placer de viajar con mi mujer y mis hijos... y otros temas.

sábado, 13 de julio de 2013

¿Por qué nos echaron del paraíso?


La noche se cernía sobre el Jardín del Edén. En el suelo de la caverna, los cuerpos desnudos de Lucy Australopithecus Afarensis, una chica de doble apellido y alta alcurnia (dado que era hija de la ciencia),  y de Adán, un vago del barrio cuyo único mérito era ser el primer hombre creado por Dios, yacían sobre una piel de oso. El fuego los iluminaba destacando sutilmente su belleza, y reflejando hermosas sombras sobre el techo de la cueva. Lucy no era muy alta, apenas medía un metro cincuenta, pero tenía la piel de color ébano, un rostro exótico y bello coronado por un millón de trencitas que llegaban hasta sus generosas caderas. Estaba llena de sinuosas curvas y su humanidad no se parecía en nada al de la hembra homínido que se ven en las laminas escolares. Poseía pechos enormes, y una boca grande y carnosa. O sea los famosos labios chupa-naranjas. Pero Lucy no chupaba sólo los frutos del paraíso, aquella noche estaba lamiendo palmo a palmo el cuerpo de Adán, un joven de rulos rubios, delgado y de anchas espaldas, con músculos fibrosos pero no excesivamente voluminosos. Adán también la recorría con su boca y sus manos, acariciaba sus senos, sus caderas, provocaba humedades, la tomaba de las ancas y penetraba suavemente en su sexo rojo. La danza erótica se prolongaba tanto que en nuestra triste época hubiera resultado sólo producto de una mente llena de fantasías imposibles. Ambos alcanzaban el orgasmo, una, dos, cuatro, siete, diez veces. Todo parecía indicar que jamás encontrarían satisfacción, que nunca se cansarían, se amaban lenta y minuciosamente. Desde un lugar de la caverna que el fuego no se había atrevido a iluminar Eva los espiaba, estaba en cuclillas para evitar que su metro setenta la delatara. Quieta procurando no hacer ruido, sentía un nudo en la garganta y el corazón le latía como una tropilla de unicornios desenfrenados. No podía creer lo que estaba viendo. Cuando vio que Lucy devoraba golosa el sexo de su marido cubriéndolo con sus enormes labios, no pudo más y salió de su escondite. La luz del fuego reveló su perfecta anatomía digna de la Venus de Boticelli. Estaba en medio de un ataque de histeria y gritos. Cuando Adán la vio aparecer repentinamente, dejó de lamer los pezones inconmensurables de Lucy, y dijo sobresaltado:
-          ¡Eva, mi amor, qué sorpresa, perdóname no sabía que llegarías tan temprano!
Eva seguía danzando y corriendo desnuda, sacudiendo su larga cabellera pelirroja, meneando su culo escultural y respingado, contoneando sus piernas torneadas, quebrando su fina cintura, bamboleando sus firmes pechos; y haciendo morisquetas con el rostro que sólo Dios había sido capaz de crear.  Eva estaba sencillamente loca y no parecía tener control de su imponente anatomía, pudo caer al fuego, pero al final dejó de contorsionarse y habló:
-          ¡Qué lindo! ¡Qué lindo! ¡Estoy histérica de felicidad! ¡Cómo los quiero, que bueno poder salir de casa y saber que mi marido está con una hembra de verdad, y no con una tilinga anorgásmica que lo aburriría! Los veo y siento que un río de humedad me corre entre las piernas, son hermosos.
-          (Adán respondió, mientras Lucy seguía entretenidísima con su poronga) Eva, mi amor, se que te gusta por eso te pido perdón. Si hubiera sabido que venías, hubiera puesto la piel de oso King Size, así nos disfrutábamos los tres. Eva, a todo esto… ¿Dónde anduviste? Siempre que te vas de casa, y decís: ¡Chau Adán, chau gordo… me voy a echar un polvo por ahí! Yo no te espero, me quedo tranquilo porque sé que volves a los tres o cuatro días. Soy cociente de que no estás haciendo nada malo, simplemente estas culeando por ahí. 
-          Adán, dulce… Estaba acá al lado, cogiendo con “Pitocantropus Erectus”
-          (Lucy, distrayéndose de sus tareas amatorias se dignó a intervenir) Ah!!!! ¡Qué bueno estabas en mi casa, con mi marido! Me pone recontenta que una amiga generosa lo haga gozar, y le haga compañía así no me extraña…. Además vos tenés la habilidad de hacerlo rugir como a un tigre dientes de sable, porque le provocás orgasmos impresionantes. Me pone tan contenta que mi hombre salvaje sea feliz. ¡Che Eva… viste que verga tiene mi amado “Pitocantropus”, siempre erecta, siempre lista para eyacular mil veces si es necesario!
-          (Eva respondió) ¡Sí, sí sin exagerar treinta y cinco centímetros! ¡Me encanta ese hombre todo peludo, tan primitivo! ¡Me vuelvo loca de gozo con su forma tan salvaje de copular! ¡Es cómo si te atropellara el peso de un mamut, pero no en kilos sino en placer! ¡Es tan musculoso, tan dulce y bruto al mismo tiempo, una se siente realmente protegida cómo mujer! ¡Pero sobre todo llena!
-          ¡¡¡Ayyy Gracias Eva por lo que decís de mi marido, tus comentarios son muy amables! Bueno querida, vos no te podes quejar, lo que vos tenés en tu casa es un bombón. ¡Adán es tan delicado, siempre se toma su tiempo cuando hacemos el amor! Además es un caballero muy refinado. Nunca olvida las normas de cortesía, cuando me invita a la caverna, siempre me corre la cortina de piel de mastodonte y me deja pasar primero, y después con toda educación me dice: ¡Lucy, dale vamos a garchar! Además, es verdad, tiene una pija un poco más chica que la Pitocantropus, pero sus veinticinco centímetros de eslora no son para nada despreciables, además su semen tiene gusto a guayaba. Cabalgar sobre su miembro es como montar sobre un dulce rayo que me llena electricidad (y se quedó pensando, que querría decir electricidad, la palabra le gustaba, no tenía idea de dónde la había sacado)
-          ¡Vos estás loca Lucy! ¡El néctar del pito de Adán tiene sabor a mamón! Me encantó ver cómo te devorabas el sexo de mi marido. Noto que el es feliz, que vos se lo chupas mejor que yo. Lo que es justo es justo, a mi me encantaría aprender ¿No me enseñas?
-          Todo es cuestión de técnica, para que me entiendas vos lo tenés que sentir en tu propio cuerpo. La lengua tiene que vibrar, y se puede hacer con una pija o con una concha, vení que te muestro.
Adán se apartó un poco, y Eva ocupó un lugar en la piel de oso. Lucy la beso en la boca, acarició su cara con ambas manos mientras le sonreía amablemente, beso su cuello, le susurró palabras muy amables y dulces, se divirtió con el contraste de sus pieles, lamió sus pezones rosados que desprendían azahares, beso su vientre blanco y plano, se perdió en la cavidad de su ombligo (una cicatriz sin sentido en Eva, sólo colocada allí de adorno por el creador). Llegó al monte de Venus donde se detuvo deliberadamente durante un rato entre su cabellera breve y pelirroja, luego sin más comenzó a lamer su clítoris, le  supo a vainilla. Eva se retorcía de placer ante la maestría de Lucy, pero le pidió que parara, porque no podía más, y expresó que era su turno. Entonces repitió la secuencia, un beso en la boca,  le clavo la mirada color miel sobre los ojos negros de Lucy, las caricias en la cara, la besó en el cuello y cuando llegó a las tetas descubrió que tenían gusto a chocolate. En su paso por el pubis, se quedó sorprendida porque éste estaba poblado por una mata espesa y olía a jazmines. Al sorber el clítoris descubrió que le recordaba a la chirimoya.  
Adán, disfrutaba del momento, pero sintió que si intervenía interrumpiría algo. Y dijo, voy a buscar a “Pitocantropus”. Y al cabo de un rato volvió a ingresar en la cueva acompañado de su amigo. Ambos observaron que las chicas seguían muy entretenidas. Entonces Adán, le dijo a Pitoncantropus:
-          ¡Estas minas son hermosas, cómo se quieren… cómo nos quieren…pero ahora no nos dan ni bola. ¿Qué te parece si jugamos al teto?  
-          (Pitocantropus era medio lento de entendederas y preguntó:) ¿Cómo es ese juego?
-          Relindo, re fácil, vos te agachas y yo te la meto.
Pitocantropus, primero sin entender por qué tuvo ganas de cagarlo a trompadas, pero luego sintió que la idea no tenía sentido. Además lo vió tan rubiecito, tan lindo, y pensó  los hombres también somos bellos, y finalmente asintió:
-          Bueno, está bien. Pero antes hacéme mimitos, soy grandote pero tengo el corazón tierno. Y no me gusta que me maltraten.
Adán los beso en la boca con una pasión irrefrenable. Observó extasiado el rostro inocente y bondadoso de aquel hombre, mientras con ambas manos intentaba abarcar su poronga enorme. Casi se desjarreta la comisura de los labios cuando los abrió para chupársela.  Sin embargo sintió que todo su cuerpo se estremecía, que era amor, que era deseo inocente e inocuo, que el enorme glande era como una bella frutilla y que tenía su sabor. Pitocantropus Erectus se relajó y perdió todos los miedos, a nada había que tenerle miedo en el paraíso.
-          Pitocantropus, me encantan las tetas de Lucy porque son inmensas y negras, o los senos pequeños y dulces de Eva… Pero también me gusta tu pecho ancho y peludo. No me importa si sos el primer hombre hijo de Darwin o el último mono. Tampoco me importa si yo soy el primer hombre creado por Dios. Lo único que sé…. es que  sos más lindo que el hombre de Vitrubio.
-          ¿Qué quien? ¿Quién es Vitrubio?
-          No importa, Pito… Quiero estar adentro tuyo.
Cuando Pitocantropus, se puso boca abajo, Adán vió sus macizos muslos, su torso era más recto que en una mujer. Sus dorsales eran impresionantes, y formaban un bello trapecio con su espalda. Pitocantropus era un hombre capaz de desmayar a un mamut de una cachetada, sin embargo allí estaba en su máxima mansedumbre. Adán abrió sus glúteos y descubrió la belleza infinita que tenía aquel orificio que parecía un asterisco. Primero lo penetro con un dedo, y luego viendo que Pito lo dejaba hacer, utilizó dos. Pitocantropus, sintió que se iniciaba a un viaje astral, relajó su esfínter y recibió el falo de Adán concibiendo sólo placer. Todo fue muy tierno, en el jardín del Edén no había pecados. Al cabo de un rato, y luego de haber experimentado un orgasmo infinito, Pitocantropus susurró:
-          Está buenísimo,  tenés que probar, te va encantar.
-          ¿Estás loco? Me vas a destruir el orto, Pitocantropus ¡No!
-          Ay, Adán mi dulce amor… Open your mind and your heart…baby! Y luego todo se abrirá en ti. Todo el mundo se ríe de mí y piensa que soy muy bruto, e incluso tonto. Pero yo sé observar el mundo, he hecho un descubrimiento accidentalmente. Me olvide un poco de zumo de uva en un obre. El jugo estuvo allí más de un mes y cuando fui a tomarlo descubrí que se convirtió en una bebida que te llena el espíritu de alegría y el pecho de un calor muy agradable, pero lo mejor de todo es que te saca las inhibiciones. Se me ocurrió ponerle un nombre estúpido “VINO”, digo porque vino sólo, yo no lo busqué. Probálo, te va gustar.
Adán, no lo dudó tomó curioso unos cuantos tragos de la bebida, y como nunca había bebido alcohol resultó irremediablemente alegre y desinhibido. Cuando Pitocantropus lo penetró suave pero firmemente con aquel obelisco hecho órgano humano, sólo sintió éxtasis y vió estrellas brillantes de colores. Eso sí, cuando se le pasó el pedo el culo le ardía un poco, por no decir bastante.        
Ambos hombres se amaban con ternura, cuando Eva y Lucy observaron que se revolcaban en la fría loza del piso de la cueva. Entonces decidieron invitarlos a compartir la piel de oso King size que previamente habían preparado, de todos modos el espacio era chico pero los corazones grandes. En aquel tiempo y lugar no era necesario el viagra para tener una noche de sexo interminable, nadie se cansaba, no había culpas, y las mucosas generalmente no se irritaban. Lucy, Pitocantropus, Eva y Adán se amaron la noche entera. En lugar de un cuarteto, parecían una orquesta sinfónica, dada su destreza amatoria. Enredados y felices los sorprendió el amanecer.
Los cuatro amantes, luego de tanta actividad sexual estaban famélicos. Por este motivo Pitocantropus y Adán decidieron ir a cazar y pescar. Mientras Eva y Lucy se quedaron en la cueva haciendo tortillas. 
La jornada de cacería y pesca fue un fracaso. Pues Adán y Pitocantropus estuvieron más ocupados cogiendo, que siguiendo rastros y encarnando anzuelos; y las tortillas eran cosa de Lucy y Eva. Cuando por la tarde arribaron nuevamente a la cueva no había que comer. Fue Eva la de la idea, sugirió:
-          ¿Si probamos un fruto del árbol prohibido? La manzana seguramente será un fruto mágico, y un cuarto de ella a cada uno nos servirá de sustento.
-          ¡Eva estás loca… Nuestro creador nos prohibió expresamente que comamos la manzana, dijo Adán.
-          No seas ortiva, agrego Lucy. No creo que el barbudo se enoje tanto. 
-          No sé, si hay quilombo a mi no me metan, refirió Pitocantropus.
-          ¡Cagones! ¡Ca-go-nes! Se comieron terribles porongas y ahora los asusta lastrarse un cuarto de manzanita…. Vociferaron ambas damas a dúo.
-          Bueno está bien, expresó resignado Adán mientras iba a buscar la manzana.
Era verdad, la mágica y vedada manzana sació el hambre de aquel día. Pero fue la perdición de la humanidad. Cómo decía el general: ¡Trono el escarmiento! El señor en persona se presentó en el paraíso, llevaba el veredicto en un papiro debajo del brazo, los seres humanos estaban condenados. Dios abrió el rollo y aplicó la condena.
            Nunca más fuimos libres. Una nube enorme de juicios nos cubrió.  Las mujeres tuvieron que parir con dolor, y debieron esperar hasta bien entrado el siglo XX para poder hacerlo con cierta seguridad sanitaria. Tuvimos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. La muerte hizo que nuestra vida ya no fuera infinita, nos engatusaron con un nuevo paraíso espiritual… dudoso, eventual, y desconocido. Este cielo solo se puede alcanzar si nos portamos muy bien, y no pecamos. O si nos arrepentimos oportunamente ¿Y si todo fuera un fraude? Nacemos con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas, apenas afloramos en este mundo, y comenzamos a envejecer. Nos impusieron una ley que en Jardín del Edén no existía, se llama “moral”. Esta norma condena la fornicación con la mujer del prójimo, con una persona del mismo sexo, o cometer “actos impuros” explorando y tocando nuestro propio cuerpo. O sea no podemos tener sexo libremente ni siquiera con nosotros mismos.  Llego la vergüenza, y la necesidad de tapar nuestros genitales. De esta caja de pandora que el creador tuvo la gentileza de abrir como castigo por el pecado original, también salieron las enfermedades venéreas, asesinas mutantes que progresaron de la sífilis al SIDA… y después quien sabe. Nuestras mucosas genitales se llenaron de gusto y olor a pescado podrido. Y lo peor de todo es que nos inocularon los celos, un sentimiento perverso que nos atormenta y que nos hace capaces de ser homicidas pasionales.
Finalmente si algunos heréticos se cagan en todos los castigos impuestos, no se salvan de las personas chusmas que siempre estarán gustosas de hablar pelotudeces y juzgar actos a espaldas de los inmorales transgresores.

Y así fue cómo perdimos el paraíso, y todo por una puta y simple manzana ¿Una pena, no?

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